Carta del rector

Buenos Aires, 27 de diciembre de 2023


Estimados/as graduados/as:

Ustedes son una parte importante y queridísima de nuestra Universidad. Disfrutamos y valoramos mantenernos en contacto con ustedes, saber de sus trayectorias y derroteros, y también nos gusta mantenerlos al tanto, todos los años, sobre las novedades en la vida de nuestra institución.

Por eso, y para hacerlos participar, de alguna manera, de uno de los rituales más entrañables de la Di Tella, quiero compartir con ustedes el discurso que pronuncié en la última ceremonia de graduación de las carreras de grado. Allí encontrarán información detallada sobre el estado actual de la Universidad, novedades sobre nuestro crecimiento, y una reflexión personal sobre la importancia de mantener en nuestras aulas un clima conducente a un intercambio de ideas amable en el contexto actual de la educación universitaria en el mundo. Ojalá reconozcan en mis palabras algo de lo que se han llevado de la Di Tella.

Aprovecho para desearles unas felices fiestas y un pujante 2024, y agradecerles por su interés de siempre -que nos llega de muchas formas- en nuestra Universidad.

Un gran abrazo,

 

 

Juan José Cruces

Rector



Discurso pronunciado por el rector Juan José Cruces en las ceremonias de graduación de carreras de grado de la Universidad Torcuato Di Tella en noviembre de 2023:

Queridas familias y colegas, pero, sobre todo, queridos graduados y graduadas:

Hoy es un día muy importante para ustedes. Es también un día muy importante para nuestra Universidad. En cada ceremonia, renovamos nuestro compromiso con la sociedad de contribuir a la formación de las nuevas generaciones que el país, la región y el mundo necesitan.

Pero debo admitir, con sentimientos encontrados, que este es un fin de año particular. Por un lado, ustedes están por atravesar un mojón importantísimo en sus vidas, y eso nos llena de felicidad y orgullo. A su vez, este 2023 nos encuentra, como hace años, con una Di Tella pujante y en pleno crecimiento, que sigue también ampliando el proyecto por el que ustedes transitaron estos años.

Hoy continuamos en la senda de crecimiento anual a tasas de dos dígitos, como ocurrió en los ocho años previos a mi asunción. A estas tasas de crecimiento, la Di Tella duplica su tamaño cada ocho años. En el 2023 recibimos, en grado, a más de 1400 ingresantes en nuestras 11 carreras, que cursan un total de más de 4000 estudiantes. En posgrado, tuvimos más de 1300 ingresantes a nuestros 33 programas de especialización, maestría y doctorado, cursados por alrededor de 3000 estudiantes. En total, la Di Tella cuenta hoy con unos 7000 alumnos en carreras que otorgan títulos oficiales y unos 7500 participantes por año en programas de Educación Ejecutiva en diversas áreas, abiertos e in company.

A diario, el Campus desborda de estudiantes, con toda su energía y curiosidad juvenil, lo cual nos llena de orgullo y responsabilidad, a la vez que nos contagia ese entusiasmo irreverente de los años formativos.

Nos enorgullece también que el 70% de nuestros estudiantes de grado ingresen sin examen de admisión a la Di Tella por haber obtenido un promedio superior a 8 en el secundario, que a partir del año próximo deberá ser 8,25, ya que hemos constatado que el promedio del secundario es el mejor predictor del desempeño posterior en la Universidad. Esto es importante y tiene, a nuestro criterio, una virtud adicional, que es la de transmitirles a nuestros jóvenes la idea de que el esfuerzo a través de los años importa, que en el trabajo sostenido hay recompensa.

Acompañando este crecimiento del estudiantado, nuestro cuerpo docente, el otro gran motor de la institución, se encuentra en constante expansión. En el último año contratamos 11 profesores full-time. Ellos permitirán ampliar nuestro espectro de especialidades en áreas como Arquitectura, Ciencias de la Computación, Neurociencia, Estudios Internacionales, Matemática Aplicada, Operaciones, Periodismo y Comunicación.

Lo hemos hecho con el mismo cuidado de siempre para garantizar la excelencia de nuestros docentes e investigadores, y que sean a la vez profesionales formados en activo contacto con el mundo. Nuestras nuevas contrataciones obtuvieron sus posgrados en prestigiosas instituciones como Architectural Association School of Architecture (Londres), University of Chicago, Universidad de Buenos Aires, Universidad Torcuato Di Tella, Universidade Estadual de Campinas (Brasil), University of California (Los Ángeles), London School of Economics y el Instituto de Empresa (Madrid).

Estamos orgullosos de estas incorporaciones, cuya pluralidad de disciplinas y enfoques enriquecerá la circulación de ideas en nuestra Universidad, así como también la experiencia de los alumnos, y nos permitirá profundizar la formación multidisciplinaria de la más alta calidad que nos identifica.

Crece la cantidad de alumnos, crece la calidad de nuestros ingresantes, abrimos carreras nuevas, se suman a nuestro plantel nuevos docentes investigadores formados en las mejores universidades del mundo, que renuevan nuestras clases y también contribuyen a desarrollar agendas de investigación de punta en nuestra Universidad. Estamos, además, prontos a comenzar la construcción de un tercer edificio, para albergar y potenciar todo este crecimiento que nos llena de orgullo. La nueva construcción tiene 27.000 m2 y equivale al 80% de toda la superficie que hoy tenemos en operación.

Pero no vivimos en una isla. Sabemos que, incluso equipados con las herramientas de primera calidad que ustedes se llevan de estas aulas, desembarcan arropados con energía y motivación a un país hoy poco generoso en oportunidades y muchas veces hostil para la convivencia transversal. Salen también a un mundo que en las últimas semanas nos ha mostrado su rostro más oscuro, que ha exhibido y sigue exhibiendo un grado de intolerancia que hasta hace pocos años no habríamos podido prever. No son semanas optimistas.

Quizás por eso no quiero ahora hablarles, como suelo hacerlo en estas ocasiones, de lo que les espera de acá en más. Quiero invitarlos a volver la mirada a los cuatro o cinco años que pasaron en nuestras aulas, a la luz de lo que estamos viendo que hoy ocurre en un número importante de universidades prestigiosas de otras latitudes del mundo. Allí, pareciera que la capacidad de convivencia, reflexión y discusión en entornos diversos pero respetuosos, comprometidos con la libertad de pensar y expresarse sin hostigar a nadie, se ha visto seriamente comprometida en los últimos tiempos, tornándose esos campus en lugares hostiles y violentos.

Doy un paso para atrás, como cuando uno quiere ver con perspectiva en un museo un cuadro de grandes dimensiones, lleno de detalles, matices y complejidades. Miro y miro, y todavía no me alcanza la distancia que tomo para entender. Entonces doy otro paso para atrás y me miro para adentro, haciéndome una pregunta básica: ¿Para qué venimos a la universidad? ¿Para qué entraron ustedes acá hace casi un lustro?

No hay a esto, desde luego, una sola respuesta legítima. Algunos de ustedes habrán venido para aprender una profesión, otros para tener en el futuro con qué ganarse la vida, otros para adquirir conocimientos que canalicen una vocación clara, otros para descubrir en la marea de clases y materias de todos los días una inclinación profesional y una curiosidad intelectual que no terminaba de definirse, y otros para muchas otras cosas más.

Yo creo sin embargo que, lo busquen o no, lo quieran o no, lo sepan o no, lo más importante para lo que todos venimos a la universidad es para transformarnos. Para salir distintos de como entramos. Para distanciarnos un poco de las ideas recibidas de nuestros entornos cercanos, poniéndolas en diálogo con otras nuevas que a veces confirmarán lo que trajimos, otras veces nos lo pondrán en duda y otras simplemente nos harán ver que lo que pensábamos estaba equivocado, era incompleto o se había transformado en inadecuado con el paso del tiempo y las circunstancias.

Sea como sea el resultado de ese proceso de transformación intelectual y personal, que yo veo como el corazón de lo que ocurre en la universidad, su condición de posibilidad es el entorno y la atmósfera en que ocurre ese lento pero potente cambio de piel, en una edad sensible y plástica para absorber lo que nos ofrecen el mundo y los otros. Ese entorno y esa atmósfera propicios y necesarios para esta transformación están hechos de intangibles, de detalles, de pequeños cuidados cotidianos y de ciertas decisiones que ustedes casi nunca ven pero que son el colchón mullido en el que se apoyan estos años suyos. Y sobre eso quiero llamar la atención.

Nuestra universidad se asienta sobre tres pilares: la excelencia académica, la igualdad de oportunidades y el pluralismo de ideas. Los hemos sabido honrar a lo largo de los años, en una tarea silenciosa que es la madre de la comunidad social e ideológicamente heterogénea que convive en nuestras aulas y que hace posible la diversidad pacífica y constructiva -aunque no sin roces y divergencias esporádicas- que nos expone a otras experiencias, otras ideas, otros puntos de vista. Eso nos enorgulleció siempre, pero hoy nos enorgullece más aún.

Hace poco organizamos nuestra cena de recaudación anual para el Fondo de Becas con el que solventamos a jóvenes enormemente capaces que no podrían pagar lo que cuesta educarse en la Di Tella. Para el librito que repartimos esa noche, una profesora de la casa escribió un texto cuyo contenido quiero compartir con ustedes hoy.

A través de una anécdota cotidiana y aparentemente trivial de nuestro día a día, el relato de nuestra docente ponía la lupa sobre el vínculo entre transformación virtuosa y exposición a lo diverso.

La autora de esos párrafos enseña desde hace años un curso de literatura medieval y renacentista en primer año de las carreras de Historia y Ciencias Sociales, en el que todos los años leen la Divina Comedia. No toda, pero sí los cantos más importantes, como el 30 del Purgatorio, en el que Dante y Virgilio se separan.

Después de haber recorrido juntos círculos aterradores y terrazas expiatorias, Dante peregrino se da vuelta en busca del calor de su guía y maestro. Pero el maestro ya no está. Se esfumó. Tres cantos antes, Virgilio -el “dulce padre” latino- se había despedido con estas palabras anticipatorias pero crípticas, como les dirían ustedes, queridos padres, a sus hijos aquí presentes: le dice “Hasta aquí te traje con ingenio y con arte.... Ya mi tutela no andarás buscando: libre es tu arbitrio”.

Para Dante y para los lectores, explica la profesora, la separación es un momento de sorpresa y también, incluso al borde de entrar al Paraíso, de pérdida, desprotección y soledad. Todos los años en ese curso se detienen en ese episodio.

Pero en 2022 sucedió algo especial. Al final de la clase, una alumna muy tímida con acento de una provincia norteña se le acercó a la profesora y le dijo que seguramente era una interpretación tonta pero que, cuando leyó el pasaje, se puso a llorar.

Entendió que esa despedida ficcional entre Dante y Virgilio expresaba lo que ella sintió pocos meses antes, cuando abrazó a sus padres y se subió al micro que la traía, lejos y sola, a Buenos Aires para estudiar en la Di Tella. “Yo vengo de una escuela chiquita”, siguió la estudiante, “nunca leímos libros así; por eso entré a la Divina Comedia con mucho miedo de no entender nada. Y sin embargo encontré que me hablaba a mí”.

Mientras hablaba, se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas. La profesora nos cuenta que le aseguró a su alumna que su interpretación, tan hija de una experiencia íntima y personal, estaba muy bien por muchas razones, entre ellas porque ilustraba maravillosamente bien algo de lo que se conversa desde el principio en ese curso de literatura: los clásicos perduran si nos ayudan a darles sentido con palabras de otros tiempos a experiencias de hoy y si sirven también para ampliarnos el rango de experiencias y emociones vivibles, independientemente de si nos tocaron o no vivirlas a nosotros.

La anécdota refleja de manera patente algo que está en la base de la transformación que les ofrecemos a ustedes en la Di Tella. Aquí, la diversidad del estudiantado, que se ve y se escucha en los pasillos y en las clases de nuestro campus cada vez más desde hace años, enriquece nuestra mirada del mundo, ilumina aristas nuevas de los temas tratados en clase, les da un espesor a las discusiones del aula sólo explicables por nuestras diferencias y, por último, tal vez en estos tiempos mucho más importante todavía, hace posible que intercambiemos abiertamente visiones diferentes del mundo en contextos amables y cuidados.

Venimos a la universidad para aprender. Aprendemos de los libros, pero también de los otros y de cómo otros, de vidas diferentes a las nuestras, entienden distinto los mismos hechos, los mismos conflictos, los mismos libros, las mismas palabras, las mismas ideas que nosotros. Esa variedad pacífica nos enriquece, nos potencia y nos hace una comunidad fértil para el desarrollo humano e intelectual en la reflexión, el diálogo y el respeto, incluso –o, sobre todo– en la discrepancia y el disenso.

De modo que los quiero despedir hoy recordándoles este valioso trasfondo que se llevan de acá, para que lo conserven, lo cuiden y lo cultiven en todo lugar a donde vayan. Diálogo, reflexión y respeto van anudados a sus diplomas y son, en gran parte también, obra de ustedes. Son tesoros a recordar y preservar para que la transformación que comenzó en estas aulas vuelva a encontrar un terreno tan fértil y afable afuera como el que encontraron acá. Esto recién empieza, el mundo afuera está oscuro, pero ustedes llevan consigo esta luz.

¡Felicitaciones a ustedes y a sus familiares, y la mejor de las suertes en las próximas etapas de este viaje!