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04/10/2011

Francisco Bullrich (1929-2011)

Adiós a un teórico y crítico brillante. Por Jorge Francisco Liernur y Claudia Shmidt

Adiós a un teórico y crítico brillante.

por Jorge Francisco Liernur y Claudia Shmidt (Universidad Torcuato Di Tella)
versión completa del artículo publicado en ARQ. Diario de arquitectura Clarin, el 23 de agosto de 2011.


Sorpresivamente, Francisco –“Franz”- Bullrich falleció en la mañana del pasado miércoles 10 de Agosto. Había nacido en Buenos Aires en 1929,  y si en la Argentina se estilara como en Chile usar los apellidos paternos y maternos, los sonidos resultantes al decir su nombre de ese modo hubieran bastado en su caso para evocar imágenes del país heredadas del primer Centenario: Francisco Jorge Bullrich Ocampo Lezica Alvear Santamarina.
Sin embargo, aunque podría parecer contradictorio, aún antes de graduarse como arquitecto en 1952 ya había decidido integrar junto con Bucho Baliero, Juan Manuel Borthagaray, Jorge Grisetti, Eduardo Polledo, Carmen Córdova, Gerardo Clusellas, Alberto Casares Ocampo y Jorge Goldenberg el mítico grupo de jóvenes rebeldes que se autobautizaron la “Organización para la Arquitectura Moderna”. Pero la contradicción es solo aparente, porque como fue emblematizado por la Ocampo más famosa, esa unión de radical vocación de renovación cultural y raigambre aristocrática no han sido extraños en la cultura moderna. Entre quienes cumplieron ese rol en nuestro país basta pensar en las figuras de Borges, María Rosa Oliver, Delia del Carril o Alberto Prebisch, pero es sabido que también dentro de OAM la propia Carmen era descendiente del Virrey De la Serna, y que por esa rama aristocrática de su familia era prima de quien se  transformaría en el ícono mismo de la rebeldía: Ernesto Guevara.
Aunque moderado, Francisco fue consistente con esa vocación a la que golpes personales –como el prematuro fallecimiento de su primera esposa Alicia Cazzaniga-, los desengaños intelectuales y políticos o las fuerzas de la realidad fueron amenguado en intensidad con los años.
Pero fue esa vocación la que lo llevó a cursar estudios de posgrado en la Hochschule für Gestaltung de Ulm, siguiendo convencido los pasos de Tomás Maldonado quien había inspirado los comienzos de OAM. Su permanencia en esa Escuela no fue indiferente, y pudo comprobar en directo las aporías de los enunciados de sus principales líderes. Los documentos que existen y sus propias declaraciones posteriores  permiten observar sus agudas críticas a la pedagogía y a las ideas de Max Bill, de Iohannes Itten y de Joseph Albers, así como su interés por las enseñanzas de Max Bense y Konrad Wachsmann. De esa experiencia trajo de vuelta a Argentina la necesidad de desarrollar la prefabricación para solucionar los problemas de vivienda, habiéndose frustrado una fugaz oportunidad de participar en la solución del problema que la Comisión Nacional de la Vivienda intentó llevar a cabo luego de 1955.
Para entonces ya había comenzado a sentirse atraído por el enfoque “socialdemócrata” de la historia de la Arquitectura Moderna que encabezaba Nikolaus Pevsner, presidido por la idea de un modernismo y de una austeridad arquitectónica que se basaran en la necesidad de producir soluciones masivas a las necesidades de las crecientes poblaciones urbanas.
Con estas ideas, en conjunto con figuras como Jorge Enrique Hardoy, Juan Manuel Borthagaray, y Carlos Mendez Mosquera bajo el liderazgo de Jorge Ferrari Hardoy, Bullrich procuró contribuir a la construcción una nueva forma de enseñanza de la Arquitectura en la Argentina en la que en adelante llevaría el nombre de Escuela de Arquitectura y Planeamiento de Universidad Nacional de Rosario. Aunque al poco tiempo esos profesores llegados de Buenos Aires, y  Francisco con ellos, dejaron esa experiencia en manos locales, lo hecho sirvió como base para la consiguiente y exitosísima  renovación de la Facultad de Arquitectura de la UBA. El compromiso de Bullrich con esta nueva iniciativa lo llevó a ser miembro del Consejo Directivo de la Facultad en 1960, e incluso a integrar el Consejo Superior de la UBA en 1962.
Habiendo ganado en asociación con Clorindo Testa y con Alicia Cazzaniga el concurso de la Biblioteca Nacional y habiendo construido también con Testa en esos mismos años la sede del naciente, glamoroso y escandaloso Instituto Di Tella en la calle Florida,  ya era además un reconocido arquitecto practicante.
Sus ideas, cuya consistencia y sutil entramado demandarían mucho mayor espacio para poder ser analizadas en profundidad, tuvieron en 1963 su primera expresión con la publicación de “Arquitectura Argentina Contemporánea”. El libro ha tenido tan larga y profunda incidencia en la formación de una primera conciencia acerca de cómo se había construido la cultura moderna de la profesión, que los conceptos elaborados en él por Bullrich fueron asumiendo incluso la difuminada pero inconmovible condición del sentido común.

Desde 1963 emprendió varios viajes por distintos países de América Latina y entre 1966 y 1967, invitado por Vincent Scully dictó cursos y conferencias en los Departamentos de Historia del Arte y de Arquitectura de Yale University. En 1967, Pevsner le confió a Bullrich la revisión de la segunda edición en castellano de su ampliamente difundido “Esquema de la Arquitectura Europea” publicado en Buenos Aires por Ediciones Infinito. Ese trabajo fue realizado al mismo tiempo en que Bullrich preparaba un panorama de la arquitectura moderna y contemporánea Latinoamericana. Las ideas de Pevsner marcaron en parte su mirada respecto de la complejidad de conformar una perspectiva, en este caso “latinoamericana”, que se ve reflejada en sus trabajos inmediatamente posteriores: “New Directions in Latin American architecture” (publicado en Londres y realizado por sugerencia de Scully), la  versión en castellano, “Nuevos caminos de la arquitectura latinoamericana”, publicada en Barcelona y el libro de mayor impacto internacional Arquitectura Latinoamericana, 1930-1970, editado en Buenos Aires por Sudamericana. Contra las versiones nacionalistas y esencialistas estos trabajos recogen ideas que había anticipado en diversos artículos en la revista Summa, en la que colaboró desde su creación en 1963, donde cuestionó severamente las pretensiones de encontrar una identidad a través de destinos predeterminados, atendiendo en cambio, a las tradiciones culturales pero fundamentalmente a las condiciones en que la modernidad se desenvolvió en cada uno de nuestros países.

En las últimas décadas de su vida, Bullrich había ido dejando paulatinamente sus actividades directamente vinculadas a la Arquitectura o más bien, aunque continuó realizando distintos proyectos y trabajos, lo hizo, como ya dijimos, con un creciente descreimiento en las posibilidades de la disciplina para modificar el mundo de manera consistente.
Aún así, no dejó de contribuir a su desarrollo. Quienes firmamos estas líneas hemos tenido el privilegio de compartir con él un tramo de su largo compromiso con la tradición ditelliana, iniciada en los días del Instituto y continuada con los años como Consejero de la Universidad y como miembro del Comité de Evaluación Académica Externa, del Comité Consultivo  y del Consejo de Profesores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Torcuato Di Tella. En estos años pudimos disfrutar de su inteligencia, de sus conocimientos, de su humor irónico y de su lucidez.  Pero no somos los únicos que hemos perdido con su partida. Para el conjunto de la cultura arquitectónica de la Argentina, e incluso podemos para la cultura arquitectónica a secas, se ha ido para siempre una voz y una mirada crítica que nos ayudaban a comprendernos mejor en nuestras debilidades y en nuestras fortalezas. Afortunadamente nos quedan sus libros y sus obras para recordarlo y para seguir enriqueciéndonos aún en su ausencia.